
Popular, ágil y simpático roedor que desarrolla su vida de modo fundamental en los árboles, con hábitos diurnos y que está activo durante todo el año.

La ardilla roja, es un animal muy sociable y simpático, que acepta la presencia humana sin demasiada dificultad, por lo que es habitual verla en parque y jardines y si no llamamos mucho la atención es posible poder acercarnos un poco para tomar estas fotos.

Si tenemos la ocasión de observar al animal descendiendo de un árbol o rama comprobaremos que siempre lo hace cabeza abajo.

Tanto el ascenso como el descenso es muy rápido gracias a las poderosas uñas con que cuentan sus cuatro patas (con 4 dedos la anteriores y 5 las posteriores). Las características anatómicas y movilidad de las patas delanteras, le permite al animal que pueda usarlas a modo de pequeñas manos, de las que se ayudan para sujetar los alimentos que pela y come.

La ardilla se alimenta de forma fundamental de frutos secos y semillas, principalmente del pino (piñones) que pela con gran habilidad de modo que una ardilla puede emplear unos 3 minutos en dejar completamente limpia una piña.

También puede incluir en su dieta frutos otoñales, setas, brotes de ramas tiernas, líquenes, huevos o incluso pájaros, los que localiza en los árboles en los que se mueve con gran agilidad, pudiendo efectuar saltos de hasta cinco metros; acrobacias que realiza gracias a sus cualidades físicas y a tener muy desarrollado el sentido de la vista, lo que le permite calcular muy bien las distancias en sus rápidos movimientos.

La ardilla no hiberna, estando activa todo el año, aun cuando disminuye su ritmo de vida en los días invernales más crudos, en los que permanece refugiada en su nido, donde acumula a lo largo del año, principalmente en el otoño, frutos secos y otras reservas con las que solventar sin dificultad esta adversidad.

El excesivo calor (temperaturas en torno a los 35º C) también disminuye su capacidad metabólica y durante las horas centrales de los días muy calurosos también permanece refugiada en sus nidos, a la sombra. La ardilla se muestra más activa al amanecer y a primeras horas de la tarde.

Suelen durar hasta 6 años en libertad, aun cuando lo normal es que no pase de los 3 años de vida. La mortalidad es muy alta en los individuos jóvenes, de modo que un porcentaje estimado entre el 70 y el 80 % no alcanzan el año de vida. Se calcula que la vida media de la ardilla está en torno a los seis meses. En cautividad puede llegar a vivir 10 años.

La gestación dura de 40 a 60 días. Las hembras primerizas solo tiene un parto al año, mientras que a partir del segundo año son posibles dos partos anuales, uno en primavera y otro a mediados, o final de verano.

El parto suele ser de 1 a 6 crías, normalmente 3 ó 4, que pesan al nacer 12 gramos y que nacen con los ojos cerrados y sin capacidad auditiva. A la semana les sale pelo y a la cuarta o quinta semana abren los ojos y ya pueden oír.

La ardilla entierra en el suelo frutos otoñales a modo de despensa, cuando abundan en la naturaleza, para consumirlos posteriormente cuando escasean los alimentos. Muchas de estas semillas no las localiza o quedan olvidadas, posibilitando que de ellas nazca un nuevo árbol. De aquí que la ardilla ha sido llamada como “el plantador de árboles”.